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EL MUNDO DE LA POLÍTICA PERUANA EN CRISIS CORRUPTIVA

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN EL PERÚ?

Por Beatriz Mejía Mori

Hemos venido soportando actos de corrupción de Estado que han ido debilitando nuestra percepción ética y moral de los actos políticos, al extremo de que gran parte del liderazgo político, intelectual, periodístico y social cree que los actos moralmente deleznables son aceptables y hasta legítimos.


Sorprende escuchar a un presidente de la República que es justo un indulto a un ex presidente por las obras buenas que hizo, minimizando su responsabilidad penal en graves delitos de Estado, y para colmo, para justificar el negociado de su excarcelación a cambio de conservar el poder, encubriendo su propia corrupción. Lo cual refleja la profunda crisis moral en que se encuentra nuestro país, donde líderes de opinión, analistas políticos, abogados constitucionalistas, intelectuales, periodistas, líderes políticos y hasta líderes sociales, han manifestado opiniones a favor de lo indefendible: “encubrir los actos de corrupción del presidente por conservar la gobernabilidad y la institucionalidad de la democracia.”


Los congresistas de izquierda que se manifestaron en contra de la vacancia presidencial bajo este falso argumento ahora piden la vacancia del presidente porque indultó al ex presidente Fujimori; pero no lo hacen porque recién se dieron cuenta del inmoral negociado, sino porque no admiten el indulto al líder del partido que persiguió senderistas, los encarceló y en muchos casos los ajustició, es decir, lo que debiera ser una protesta moralmente legítima, es sólo una manifestación de revanchismo y venganza política, privada de actitud moral.


Frente a la secuencia de hechos conocidos públicamente que han revelado la conducta ilícita del presidente Pedro Pablo Kuczynski, con la gravedad de haber emitido en este gobierno dispositivos legales para continuar con sus actos de corrupción, comprometiendo el gasto público en millones de dólares que tendremos que pagar los peruanos, y la manera en que nos mintió negando toda vinculación con la empresa Odebrecht; el penoso papel que han jugado los congresistas que se opusieron a su vacancia, aun los que se escudaron en el cobarde “voto de la abstención” que fue un voto pusilánime por el NO a la vacancia de quien debieron vacar por conciencia moral, los desacredita para asumir posturas morales o pretender gobernar el país.


Ha servido pues esta trágica escena de la política nacional para reconocer quién es quién, como un Kenji que se pretende enarbolar como nuevo líder político, trae en la alforja de su alma todas las mañas del antiguo Fujimorismo, y es capaz de hacer las triquiñuelas del poder con la satisfacción de creer estar actuando “bien”, recordándonos penosamente a su padre en los peores momentos de la historia del Perú.
Pero también hemos visto a una nueva clase política en el mismo partido de Fuerza Popular que Keiko se empeñó en conformar lejos de los cuadros fujimoristas, que más allá de las imputaciones de que han estado promoviendo la vacancia presidencial para que en río revuelto su jefa salga librada de la investigación fiscal por el caso Lava Jato, lo cierto es que han demostrado en sus argumentos para vacar a Kuczynski, coherencia con los graves delitos de corrupción de Estado que se le han probado y mucha más consistencia moral con la verdad de los hechos que sus opositores.


El anti- fujimorismo enraizado en la sociedad peruana, que partió del conocimiento de la población sobre los crímenes de Estado y actos de corrupción sistémica que se cometieron en el gobierno de Alberto Fujimori, que alcanzaron como cómplice silenciosa a la primera dama Keiko Fujimori, ha cobrado un nuevo color, sobre todo en la gente de izquierda, que no tolera el indulto a Fujimori, no porque sea un acto fraudulento fruto de la corrupción de este gobierno y parte del Congreso, sino porque deja en libertad al verdugo de muchos senderistas y personas inocentes.


Cuando escucho a algunos decir que nunca se le probó a Fujimori ningún delito de corrupción, entiendo que debo publicar los Informes de la Investigación sobre los Decretos Secretos de los Años 1990-2000, que hice por encargo del gobierno del presidente Valentín Paniagua en el año 2001, donde se demuestra los graves delitos de corrupción que protagonizó como autor principal Alberto Fujimori. No para exacerbar los ánimos en contra del indulto, pues por algún problema disfuncional del trabajo de la Procuraduría Anticorrupción, por estos delitos no se lo extraditó de Chile y nunca se le procesó ni condenó, sino para que nuestra historia se cuente con la verdad al pueblo del Perú y nuestros niños aprendan el valor superior de la honestidad.


Luchamos mucho para que esa dictadura de la corrupción cayera demolida, sacando a la luz la podredumbre amoral de sus cimientos, de la misma manera como 20 años después, lo estamos haciendo ahora, para que esta nueva dictadura disfrazada de democracia sea vista por todos los peruanos en su exacta dimensión de corrupción y pretensión de despojarnos de nuestra soberanía nacional, de nuestro territorio y riquezas naturales, sometiéndonos al sistema de gobierno único mundial de George Soros, a cuyo plan de colonización del Perú por Chile, sirve Pedro Pablo Kuczynski.


La ceguera de gran parte de la clase política, su penosa actuación ligada a sus propios intereses partidarios y a sus odios viscerales, no les permite ver lo que está pasando en el Perú, y aun peor, les permite justificarse en prestar apoyo a un gobierno traidor a la Patria que nos está convirtiendo en esclavos del Nuevo Orden Mundial, perverso sistema de poder político, económico, social y cultural promovido por Soros, para quien Kuczynski ha trabajado desde los años 90.


No es pues momento de pelear por un indulto, ni de creer que todo se resolverá devolviendo a Fujimori a la cárcel, la peor cárcel que puede sufrir un ser humano es no reconocer lo malo que hizo y nunca pedir perdón, porque esa es la peor cárcel del alma; es momento de tomar conciencia de que no podemos dejar que este gobierno nos siga convirtiendo en colonia de un poder extranjero, que esté envileciendo a nuestros niños, convirtiendo en esclavos a nuestros trabajadores, exterminando a nuestras poblaciones, esterilizando a nuestras niñas, con el objeto de dominarnos y convertirnos en dóciles súbditos del nuevo orden mundial de dominio de las naciones.


Es hora de unirnos como hermanos, olvidando las posiciones políticas o los intereses partidarios, buscando que hacer de nuestra nación un bastión de libertad, de bien, de verdad, de justicia y de dignidad para nuestro pueblo y los pueblos del mundo.

Publicado en: Artículos
Fecha: 2017-12-28