𝘿𝙄𝙁𝙐𝙎𝙄𝙊́𝙉: «𝙁𝙪𝙚𝙧𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝘾𝙤𝙧𝙧𝙪𝙥𝙩𝙤𝙨»
Con esos miles de millones (que se invierte en la industria bélica) se podrían resolver problemas como el hambre en el mundo, mencionó.
LA NOTA
Pregunta: Manuela Tulli (Ansa) Santidad, hoy y a lo largo de todo este viaje ha subrayado la necesidad del diálogo y, dirigiéndose a Europa, ha hablado de la ilusión del rearme. Pero, al mismo tiempo, ha dicho que hay que tener el valor de hacer renuncias y sacrificios por el bien superior, en particular por la paz. El conflicto en Europa es el que enfrenta a Rusia y Ucrania. ¿A qué se refería al hablar de esos sacrificios? Además, usted cree en la negociación porque ha enviado a sus representantes: primero fue monseñor Gallagher y estos días está allí el cardenal Zuppi. Pero, ¿cómo se puede dialogar con un Estado que ataca, bombardea y amenaza no solo a Ucrania, sino también a otros Estados europeos?
Respuesta: La primera cosa seria subrayar los principios de la doctrina social de la Iglesia, donde buscamos no promover la violencia, el odio, armamentos, los peligros que hay en el mundo de hoy, incluso de algunos líderes de países que de nuevo empiezan a hablar de armas nucleares, de guerras que cada vez son más y más destructivas, sobre todo por la cuestión de la vida humana. Continuar a armar, a gastar en esa tremenda industria militar, que es ya desde hace muchas décadas, del año pasado, hace cinco años, que continúa a promover el gasto militar. Algunos pocos están enriqueciendo muchísimo con una industria que promueve la guerra. Cuando con estos miles de millones de millones de euros o dólares se podría solucionar problemas como el hambre en el mundo, la casa, situaciones de desempleo, etc. Todos están buscando una voz que puede ofrecer otro camino, que no es lo de vamos a gastar más en las armas, que solo promueve más y más la tensión que podría resultar en la explosión de otra guerra, otro conflicto. Y vemos que la violencia, que esas potencias que buscan siempre imponer con poder en vez de dialogar y promover negociaciones por las diferencias que naturalmente pueden existir, pues vamos siempre más y más cerca a una guerra o varias guerras, conflictos como encontramos en el mundo de hoy. Yo no sé de otros, y no es por ser político o no político, pero una voz que trata de promover los valores de la dignidad humana, de la importancia de la vida, de la posibilidad de quizás gastar más en salud y educación y menos en las armas, creo que la Iglesia tiene una responsabilidad de promover esos valores, invitando continuamente a líderes como de Rusia y Ucrania, otros países, a venir, a sentarse, a dialogar, a buscar cómo solucionar los problemas sin continuar esas guerras que ya no tienen sentido. Entonces, en ese sentido, la Iglesia continúa alzando la voz. No podemos obligar a nadie, a veces parece que puede ser inútil, pero vamos a seguir hablando, vamos a seguir invitando, vamos a seguir anunciando el evangelio.









