La pregunta de Vargas Llosa ¿cuándo se jodió el Perú? salta con una respuesta clara e histórica.
El Perú nunca ha estado jodido, los jodidos han sido siempre los de pensamientos pesimistas, negativos, odiadores y envidiosos, ambiciosos, ociosos y haraganes, sin ingenios y creatividad que desde el Incanato hasta la fecha han existido y se han opuesto al bien, a la edificación a la construcción y al Supremo divino.
Desde las pre-civilizaciones han existido esas posturas del bien contra el mal y, en el Perú, hemos pasado tormentas, adversidades, fenómenos del Niño, terrorismo y violencia de todo tipo, ideologías malignas, y hemos resistido, pero no olvidemos jamás que el peruano no es pasivo, no es oprimido ni tampoco deja de ser luchador permanente por la fuerza de su ADN.
La historia del Perú fue tergiversada adrede, el himno fue igualmente manipulado, los valores trastocados por la soberbia del hombre sin intuición divina para querer mostrarnos falsamente al peruano oprimido, rendido, vencido, víctima, por quien asume el poder mediante ideologías extrañas, y se presente como salvador. Siempre ha ocurrido en todas las etapas de la historia del Perú y de la historia Universal.
Pero como el mal no puede ganar cuando el bien se une y actúa, se encuentra con la gracia de Dios, la capacidad para doblegar situaciones adversas, la resiliencia personal, colectiva, productividad, producción, resiliencia como Nación para rescatar y recuperar todo lo bueno y bendecido en nuestra tierra. Volveremos a nuestro estado inicial – verdadero de fortaleza, de trabajo, de verdad, de solidaridad y del bien común.
Los buenos entendidos espiritualmente saben que cada Nación tiene su ángel protector y en la Palabra de Dios encuentran una interpretación con nuestra realidad país, si el apóstol Juan escribiera en este momento al ángel del Perú por orden de Jesús diría que somos como la roca de la Iglesia de Filadelfia : Jesús le dijo a Juan que escribiera en apocalipsis «Sé lo que vales; he abierto ante de ti una puerta que nadie podrá cerrar, pues, por pocas que sean tus fuerzas, has guardado mi palabra y no has renegado de mí. (…) Vengo pronto. Mantén con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate la corona”.
Esa corona es la del reinado de Dios, es la resiliencia del peruano de fe que vive en el mundo del materialismo, la ambición, el poder, la injusticia y la mentira, pero nunca renegamos de nuestro Señor de los Milagros quien se hizo visible en el Perú, porque Jesús ora por nosotros: «Padre no te pido que lo saques del mundo, sino que lo cuides del mal.
Ánimo y luchemos por la verdad, la justicia y el bien común.
El Perú será modelo para todas las naciones.









