MAL EJEMPLO
LO QUE PASA CUANDO NO SE VALORA NI RESPETA LA IDENTIDAD CATÓLICA DE LOS PUEBLOS
LA NOTA:
Madrid ha tardado exactamente dos semanas en pasar de exhibir con orgullo la imagen del Sucesor de Pedro a llenar sus calles con la simbología del Orgullo LGBT. Las mismas farolas que anunciaban la visita de León XIV muestran ahora una campaña institucional que celebra públicamente una visión de la sexualidad y de la persona humana incompatible con la doctrina católica.
No se trata de una anécdota estética ni de una simple sucesión de campañas publicitarias. Se trata de una contradicción política, cultural y moral que merece ser señalada.
El Papa como fotografía institucional
Durante los días previos a la visita de León XIV, el alcalde José Luis Martínez-Almeida no ahorró elogios hacia el Pontífice.
Lo describió como una «brújula moral para los tiempos que vivimos». Recordó emocionado la audiencia privada que había mantenido con él. Relató los consejos que recibió personalmente del Santo Padre: «Sé valiente», «no traiciones nunca los principios» y «la dignidad y la vida hay que defenderlas siempre».
Palabras excelentes.
La pregunta es cuánto duran.
Porque la admiración por el Papa resulta sencilla cuando se traduce en fotografías, recepciones oficiales y declaraciones institucionales. Lo verdaderamente difícil es aceptar las consecuencias públicas de aquello que enseña.
No es posible presentar a León XIV como referente moral de la ciudad y, al mismo tiempo, utilizar las instituciones para normalizar y celebrar públicamente comportamientos que la propia Iglesia considera objetivamente desordenados.
Es la vieja tentación de convertir al Pontífice en una figura decorativa: venerar su imagen mientras se ignora su mensaje.
La incoherencia como norma
Las banderas nunca son simples trozos de tela.
Hace apenas unos días Madrid presentaba ante el mundo la imagen de una ciudad orgullosa de acoger al Sucesor de Pedro. Hoy las instituciones vuelcan sus esfuerzos en una celebración cuyo núcleo ideológico woke cuestiona elementos esenciales de la antropología cristiana.
Es decir, dos semanas después, las mismas calles ofrecen una respuesta bastante elocuente sobre cuánto estaba dispuesta a escuchar de aquello que vino a enseñar.









