La nueva presidenta de Costa Rica, Laura Fernández Delgado, quiso iniciar políticamente su mandato bajo un marcado signo religioso. Antes de los primeros grandes anuncios de gobierno y de la consolidación de su nuevo Ejecutivo, la mandataria acudió a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago, para participar en una Santa Misa con la que encomendó su administración “a Dios y a la Virgen de los Ángeles”.
La ceremonia, celebrada en el principal santuario mariano del país, reunió a dirigentes políticos, miembros del nuevo gabinete, representantes eclesiásticos y numerosos fieles. La imagen de la nueva presidenta entrando en la basílica junto a sus colaboradores fue interpretada en Costa Rica como un gesto de continuidad con la profunda tradición religiosa nacional.
La Virgen de los Ángeles, conocida popularmente como “La Negrita”, es la patrona de Costa Rica y constituye uno de los símbolos religiosos más importantes de Hispanoamérica. Cada año millones de peregrinos acuden a Cartago durante la tradicional romería del 2 de agosto, una de las manifestaciones de religiosidad popular más multitudinarias del continente.
Con su presencia en la Basílica de los Ángeles, Laura Fernández buscó proyectar una imagen de arraigo institucional y cercanía con la identidad histórica del país, en una nación donde la fe sigue ocupando un espacio relevante en la vida pública pese al avance de la secularización y de otras confesiones luteranas.









