Las discrepancias de posiciones, ideas y perspectivas van, por un lado; el fin, el objetivo es acabar en el Perú y en la región con las ideologías comunistas y caviares.
Esas ideologías no han dejado prosperar al pueblo rural, del interior en educación, sobre todo, para tenerlos siempre bajo sumisión y asistencia, sin trabajo y sin oportunidades.
Lo positivo, entre tanta corrupción y fraude electoral planificado, es que se infiere una necesidad a gritos de la unidad social; Lima y Callao y las provincias del interior deben armonizar la peruanidad, antes que nada, evitando los odios y los lavados de cerebro que hacen florecer en el interior de los peruanos rencores, envidias y celos, aunque, en el fondo, la responsabilidad cae en los últimos gobiernos ideologizados que han abandonado a esos pueblos.
El Perú es todo y las ideologías perversas y depravadas deben ser alejadas de las conciencias de las familias.
Keiko ha madurado, pero también debe educar a su gente para tener clara las cosas que hay que renunciar a los intereses personales.
Porky siempre está en ese pensamiento y hay que ponerlo en práctica para bien del Perú.
Ambos deben dar un ejemplo diferencial de lo que es hacer una política sana.









