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EL CORAZÓN DE JESÚS Y LA EUCARISTÍA

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Jesús en su infinita sabiduría y amor quiso poner la fuente de todo al corazón para que el ser humano lo entienda mejor. Se lo dijo a la Santa Margarita María de Alacoque señalando su corazón: ‘’Mira este corazón que tanto ha amado a la humanidad, y a cambio no recibe de ellas más que deshonor y desprecio. Tú al menos, ámame’’.

Jesús es bueno para los puros de corazón como dice el salmo 73, porque nos pregunta «¿Dónde está puesto tu corazón? ¿Qué tesoro es lo que buscas?»

El corazón de Jesús puro, Santo perfecto en el amor, sabio, misericordioso y generoso entre tantas cualidades de virtudes infinitas que envuelve la belleza de su propia persona Divina y majestuosa llena de Gloria, la encontramos en la Eucaristía (sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo). Regalo del cielo para nosotros los pecadores.

Ese corazón de Jesús herido, maltratado cobra vida latente en su pasión, muerte y resurrección que espiritualmente nos hace participar de su latido de amor, y que enciende algunas veces el espíritu Santo en plena Misa, ese amor ardiente que fluye de la Sagrada Hostia en nuestros corazones fríos.

Es la fe, creerle a Él, lo que nos lleva a encontrarnos con un espíritu recogido a Dios en espíritu y en verdad, dejar fuera de sí las distracciones, imaginaciones y pensamientos sacudidos por la desesperanza y decepciones. Jesús en su corazón Eucarístico, nos sana, nos instruye y nos va transformando, acercándonos a Él cada vez más, hasta que llegará el momento que con la fuerza del Espíritu Santo refrenaremos los deseos de la carne, inquietudes e intranquilidades, para volver a levantarnos en señal de victoria como lo hizo el corazón de puro amor de Jesús en la Cruz de su Pasión.

Porque eres nuestro amparo y refugio Corazón de Jesús Eucarístico, en Ti confío.