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VACÍO DE REPRESENTACIÓN POLÍTICA: UNA DEMOCRACIA ALEJADA DE SUS PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES

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(Extracto de análisis)

Tomado de Diario Expreso

Por Luis Lamas Puccio

La degradación de la vida política peruana ha llegado a un extremo tan alarmante, deplorable y, a la vez, particularmente peligroso que incluso el concepto mismo de democracia empieza a convertirse en una resbaladiza ficción jurídica que poco o nada tiene que ver con los principios rectores que señala nuestra propia Constitución Política.

Lo dramático no es únicamente la crisis institucional general por la que atraviesa el país en sus diferentes planos, sino la normalización colectiva de esta, como si el derrumbe moral, ético y político de la república fuese parte inevitable del paisaje político nacional.

Plano electoral

En el plano electoral, resulta casi imposible ignorar o no tener en cuenta que el actual proceso electoral se desarrolla bajo una atmósfera cargada de sospechas, intrigas, cuestionamientos, tensiones, denuncias e indicios sobre un posible fraude que, de ser cierto, no solo comprometería seriamente la confianza pública en materia electoral, sino también la eficacia y validez de la democracia.

La corrupción partidaria

En efecto, no tengo la menor duda de que la corrupción política, bajo sus distintas modalidades y sutilezas encapsuladas en casi todos los partidos políticos, constituye, probablemente, la forma más peligrosa y devastadora de la misma democracia.

Me refiero a que la corrupción política contemporánea no solo roba dinero público y embrutece la moral pública, sino que secuestra y prostituye las instituciones partidarias, extirpándoles cualquier atisbo de legitimidad democrática.

Cuando el partido político deja de servir al interés general de sus partidarios para convertirse en instrumento de protección de privilegios, favores, impunidad o enriquecimiento ilícito, la política partidaria deja de ser una actividad asociativa para transformarse en una maquinaria de captura institucional.

Eso es exactamente lo que empieza a ocurrir cuando las organizaciones políticas partidarias pierden contenido doctrinario, coherencia ética y responsabilidad histórica. La corrupción política no siempre actúa mediante mecanismos burdos o manifiestamente ilegales.

Muchas veces también opera desde la aparente formalidad partidaria, manipulando sus intereses, condicionando sus decisiones, colonizando espacios de poder o utilizando la legalidad como instrumento de dominación.

Responsabilidad partidaria

Los partidos políticos cumplen una función absolutamente consustancial y esencial: actúan como mecanismos de contención, fiscalización y control del Estado frente a cualquier tentativa autoritaria, totalitaria o arbitraria que pueda surgir dentro de las entrañas del mismo Estado o de los grupos de poder que siempre lo merodean o lo secundan.

En otras palabras, sin partidos sólidos no existe ni puede haber un mínimo equilibrio democrático posible. Una sociedad políticamente desorganizada y sin partidos políticos lo suficientemente fuertes y consolidados es vulnerable y queda expuesta al avance de los poderes fácticos, de los grupos económicos, de las redes de corrupción, del populismo mesiánico y barato, y de las estructuras autoritarias que, tarde o temprano, terminan capturando el sistema estatal