No dejemos que el mal se apodere de las conciencias y mentes de nuestros hijos y nietos.
Nos sorprendemos por las malas conductas de infantes y jóvenes en las escuelas y universidades. Pero no hay mea culpa de la sociedad y de los supuestos religiosos.
Todos somos responsables por haber promovido libertades sin límites, sin responsabilidades, por difundir anti valores en la prensa, en las Instituciones, en las escuelas, en los poderes e instituciones del estado y en el mal uso de los avances tecnológicos que han envenenados la mente de nuestros infantes y jóvenes.
Todos somos responsables por el egoísmo, el desinterés por el otro, por el materialismo insaciable, dinero, poder, placer, codicia y sumisión a una agenda global incompatible para nuestra realidad.
Todo por ser tibios, desagradables ante Dios , inactivos, pasivos sin decisión de defender nuestra fe cristiana ante las amenazas degradantes de la humanidad impuesta por un pensamiento ideológico perverso y diabólico.
Todos debemos cambiar nuestra mente para que cambie nuestra manera de pensar.
Unidos avasallaremos a esa minoría asalariada, maldita, financiada desde fuera que solo tienen por consigna crear caos, desorden y crisis de la moral y los valores en el país.
Llegó el momento de ponernos de pie, de pedir al protector de nuestra Nación que levante a este pueblo, que levante la moral, lo espiritual, que levante verdaderos líderes en todos los ámbitos o actividades humanas .
Dios opera prodigios y desarrolla a las naciones que creen en el y que se mantienen firmes para no adorar a otros falsos dioses como el dinero, el poder, el reconocimiento.
La verdadera potencia de una Nación empieza por buscar primero lo espiritual, lo moral y, por añadidura, es que viene lo material.
Logremos la firmeza de nuestra fe para vivir con la sana razón, pero con la unción del Espíritu Santo.









