Fueron identificados los del grupo víctima de los sodalicios que se aprovechan que efectivamente los sodálites fueron un desastre material y espiritual para encausar orientaciones e informaciones falsas.
Según InfoVaticana, este grupo de los caviares a través de Ugaz y Escardó han enviado mensajes privados al papa León indisponiendo con asuntos personales sobre el alcalde de Lima.
Este grupo aprovechando que consiguieron el perdón de la iglesia con el papa Francisco quiere hacernos creer que ellos orientan y direccionan al papa León sobre lo que pasa en el Perú.
Por ahora, la estrategia les ha funcionado para evitar que Rafael López Aliaga llegue al poder, como es también el interés de algunos obispos de la teología de la liberación del ala marxista que habrían facilitado algunos contactos para que les llegue los chismes, calumnias y difamaciones.
Pero, no podrán de todas maneras mantenerse en la mentira, porque el papa León XIV se reunirá con el alcalde de Lima y sabrá la verdad.
LA NOTA DE INFOVATICANA
A través de Religión Digital, un grupo vinculado al caso del Sodalicio de Vida Cristiana ha publicado un artículo en el que, sin rubor, ordena al Papa que no reciba al alcalde de Lima. Sí, al alcalde de la segunda ciudad más poblada de Hispanoamérica. La sola idea roza el esperpento. Recibir a un alcalde de una capital de más de diez millones de habitantes es un gesto elemental de cortesía diplomática. Pretender vetar esa audiencia revela hasta qué punto este grupo fantasea con tener al Papa en sus manos.
¿Quiénes son? José Escardó, víctima del Sodalicio; los periodistas Paola Ugaz y Pedro Salinas; Ellen Allen, también víctima y periodista. Y, en segundo plano, Jordi Bertomeu, funcionario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y enviado por Francisco a Perú para intervenir al Sodalicio, después de saberse que su fundador era un abusador en serie.
Conviene subrayarlo: el Sodalicio fue un desastre. Abusos, manipulación espiritual, patrimonio oculto y un poder eclesial desmedido. Su supresión estaba más que justificada, y quienes denunciaron esos crímenes merecen reconocimiento.
Ahí está el ejemplo más grotesco: una obra de teatro en Lima titulada Proyecto Ugaz, donde la denuncia se convierte en performance. Al estreno asistió Bertomeu, que incluso leyó en público una carta del Papa. ¿De verdad la justicia para las víctimas pasa por aplausos y telón final?
A eso se suman las cartas abiertas de Escardó, mensajes privados al Papa exhibidos como trofeos, y noticias constantes sobre cuitas personales. Todo transmite más obsesión por el protagonismo que voluntad de reparación.
Y, para rematar, eligen Religión Digital como altavoz. Un medio que vive de atacar al magisterio, difundir herejías y coquetear con el cisma. Convertirlo en portavoz de la causa solo resta seriedad: lo que debería ser una reclamación de justicia acaba pareciendo una campaña de presión contra León XIV.
En el fondo, el mensaje es claro: este grupo quiere que todos creamos que el Papa baila al son que ellos marcan. Se pavonean de su acceso, exhiben sus cartas y se retratan como dueños del tablero. ¿Realmente saben algo de León XIV que los demás ignoramos, o simplemente se han convencido de que el Pontífice es ya un personaje secundario en su obra de teatro?









