En los últimos días, una muy bien montada campaña de desprestigio, característica de los sectores que buscan socavar la labor de la Iglesia Católica, ha intentado manchar el nombre del Padre Omar Sánchez Portillo, director de la Asociación de las Bienaventuranzas.
La estrategia, basada en la manipulación mediática y el uso de “expedientes reservados”, ha sido desenmascarada por el propio protagonista de la supuesta denuncia, por la supuesta víctima del abuso del Padre Omar, quien ha declarado ante el país que todo se trata de una farsa más.
En una entrevista exclusiva, con Giuliana Caccia y Sebastián Blanco de Origen TV, Nicolás Arosemena, el joven señalado por los operadores mediáticos como la supuesta “víctima” fue categórico: “Yo no soy víctima del Padre Omar”.
Arosemena, quien vivió voluntariamente en la sede de la Asociación de las Bienaventuranzas durante 17 meses como parte de su compromiso social, señaló que fueron los 17 meses más felices de su vida y relató con indignación cómo se vio involucrado en una trama que nunca autorizó ni consintió. Según sus propias palabras:
No existe denuncia: Arosemena afirmó rotundamente que jamás firmó ni presentó denuncia alguna contra el sacerdote. El documento utilizado por el portal de noticias, según él, contiene una firma que reconoce como la de su propia madre, realizada a sus espaldas en 2023, en un contexto que él desconoce y desmiente.
Manipulación de la imagen: Los medios involucrados utilizaron fotos de Arosemena junto al padre y otras imágenes personales para tejer una narrativa de abuso. Él sostiene que estas fotos corresponden a momentos de convivencia amical, momentos en que hubo varios testigos y que han sido en el marco del voluntariado y servicio dentro de la asociación, donde el padre era visto como una figura paternal y un guía.
Lo más grave: Arosemena denunció que la periodista Paola Ugaz nunca se puso en contacto con él para verificar los hechos, lo cual constituye una falta ética gravísima en el ejercicio del periodismo, dejando en evidencia que el objetivo no era informar, sino destruir una reputación.
HASTA DÓNDE LLEGAN LOS CAVIARES PAOLA UGAZ, JULIANA OXFORD, EPICENTRO Y LA REPÚBLICA PARA DIFAMAR, MENTIR Y MANIPULAR LA VERDAD
Este ataque no es un hecho aislado. La filtración de documentos reservados, provenientes de dicasterios de la iglesia, apunta a una maquinaria de poder interna que utiliza información sensible como arma política contra sectores conservadores. Recordemos el caso nunca probado de la supuesta acusación contra Monseñor Cipriani, que solo fue viento periodístico proveniente de la misma cloaca, pero acabó con su destierro y una campaña permanente de desprestigio. Ahora conviene destacar la coincidencia temporal entre la postura crítica del Padre Omar respecto a las intervenciones del enviado vaticano Jordi Bertomeu en el Perú y la activación de esta supuesta denuncia que sugiere una represalia directa contra quien se atreve a señalar los excesos dentro de la Iglesia.
Es innegable la hipocresía de aquellos que, presentándose como defensores de los vulnerables, no dudan en instrumentalizar a una persona, en este caso, un hombre adulto que ha construido una vida exitosa en el extranjero, para intentar reducir al estado laical a un sacerdote cuya labor diaria salva vidas y dignifica a los olvidados de la sociedad.
No podemos dejar de pensar en el ecosistema pestilente de desinformación y calumnia que rodea a Paola Ugaz, personajes como Pedro Salinas, su comadre Rosa María Palacios y una caterva de impresentables dedicados a lanzar lodo y destruir personas e instituciones amparados en la trituradora caviar y cómo no mencionar a su correlato eclesiástico encabezado por Jordi Bertomeu, Carlos Castillo, Pedro Barreto y otros representantes en la sombra de la deep church y la malhadada mafia lavanda que actúa desde las tinieblas en Roma.
La obra de las Bienaventuranzas en Lurín ha sido una incansable máquina de generar esperanza, ofreciendo refugio a niños con enfermedades severas, ancianos abandonados y personas rescatadas del más cruel abandono de la sociedad. Mientras que los detractores se esconden tras pantallas y denuncias falsas, el Padre Omar ha gestionado recursos, salud, vivienda y alimentos para miles, superando la ineficiencia estatal.
La verdad es una sola, y ante el intento de demolición pública, la integridad de años de servicio al prójimo se impone. La ciudadanía debe estar alerta frente a estos ataques de “lawfare periodístico y eclesiástico” que, bajo un barniz de justicia, solo buscan silenciar a los pastores que son incómodos para las agendas progresistas y las mafias de poder eclesial.
El Padre Omar no está solo. La verdad de los hechos, expresada por quien realmente conoce la realidad de la convivencia en las Bienaventuranzas, desmiente cualquier acusación y reafirma que su labor está construida sobre bases que la mentira no puede destruir.
Luciano Revoredo (@LucianoRevoredo), Director de http://LaAbeja.pe 27/05/2026.









