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EN CANADÁ LOS ENFERMOS NO QUIEREN LA EUTANASIA, SOLO QUIEREN SER ATENDIDOS DEBIDAMENTE

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EL GOBIERNO DE CANADÁ NO LES ABRE LAS PUERTAS, PUES QUIEREN QUE MÁS ENFERMOS SE MATEN, ESE ES UNO DE LOS PLANES DE LA ÉLITE GLOBAL DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL: REDUCCIÓN DE LA POBLACIÓN.

LA NOTA:

El 18 de septiembre de 2024, la periodista Angela McIvor informó en CBC News que Jennifer Brady, vecina de Nueva Escocia, había sido aceptada para la eutanasia al no poder acceder a un tratamiento para el linfedema. Esta enfermedad provoca acumulación de líquido y puede causar dolorosas hinchazones, mayor riesgo de infecciones sanguíneas, celulitis y endurecimiento de la piel.

Un año después, el 18 de septiembre de 2025, la misma periodista publicó una actualización. Brady había ganado una batalla judicial de seis años contra el gobierno de Nueva Escocia y había recibido tratamiento en Nueva Jersey, Estados Unidos. McIvor resumió así el desenlace:

«Tras años de enfrentarse al gobierno de Nueva Escocia para obtener cobertura, Jennifer Brady se sometió recientemente a una cirugía de linfedema».

En octubre de 2024, tras obtener un fallo favorable en una revisión judicial contra el Departamento de Salud de Nueva Escocia, el primer ministro Tim Houston le pidió disculpas públicamente y se comprometió a financiar sus futuros tratamientos.

El proceso judicial se inició en 2022, cuando Brady acudió al Tribunal Supremo de Nueva Escocia después de que se le negaran varias solicitudes de tratamiento fuera de la provincia por carecer de una derivación médica local. El juez Timothy Gabriel señaló en su fallo de octubre de 2024 que la aseguradora médica MSI se negaba a reconocer que en Nueva Escocia no existía ningún especialista en linfedema.

El magistrado dictaminó que Brady había sido «tratada de manera injusta en el procedimiento» y que la decisión de la provincia de negar atención había sido «irrazonable».

Tras recibir atención, Brady decidió retirar su petición de eutanasia. El 16 de julio se sometió a un trasplante de ganglios linfáticos en The Valley Hospital, en Paramus (Nueva Jersey). Desde entonces, experimenta una notable mejoría: afirma que puede ver sus rótulas por primera vez en años y que ya no depende de la máquina de masajes que la mantenía seis horas diarias inmovilizada en el sofá.