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DEJANDO UN GRAN TESTIMONIO FALLECIÓ DE CÁNCER JOVEN CARMELITA, EL HERMANO PABLO MARÍA DE LA CRUZ

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Edificó a todos, cercanos y lejanos, con su actitud ante la muerte: quería comunicar» lo increíblemente bonita que es la muerte en Cristo. Es algo que no da miedo, algo, la verdad, alucinante».


Redacción Religión en Libertad – religionenlibertad.com


El último sábado por la mañana falleció el hermano Pablo María de la Cruz, joven salmantino (Salamanca – España) de 21 años, de nombre Pablo Alonso Hidalgo. El pasado 25 de junio había hecho los votos perpetuos en la orden carmelita in articulo mortis, con una dispensa especial, ante la inminencia de su muerte por un cáncer.

«Encomendadlo en vuestros sufragios y oración. Presentadlo al Señor y a nuestra Santísima Madre del Carmen», ha pedido el padre Salvador Villota, prior provincial y quien recibió aquel sus votos, al comunicar la noticia.

Según han informado sus allegados, en su última noche le acompañaron espiritualmente, con una vigilia de adoración, jóvenes del Camino Neocatecumenal, de Hakuna, de Effetá, del Opus Dei, de su colegio, de la universidad… Sus padres, Juan y Noemí, salieron a saludarles.

«Gracias a Dios por este regalo»

La muerte se produjo en el convento carmelita de San Andrés de Salamanca. Las últimas jornadas del hermano Pablo habían sido muy duras por el dolor, lo que obligó a sedarle en repetidas ocasiones en el hospital ante la insuficiencia de los medicamentos para aliviar su sufrimiento.

En las últimas veinticuatro horas se tuvo la certeza de su partida inminente y el joven quiso despedirse de cuantas personas próximas le permitieron sus fuerzas. Dio «fe y  paz a todos hasta el final», cuentan sus próximos.

A Pablo le habían diagnosticado un sarcoma de Ewing hace seis años, un tipo raro de cáncer que se produce en los huesos o en el tejido blando alrededor de los huesos.

Cuando fue definitivamente desahuciado por los médicos, manifestó su deseo de morir como carmelita, orden a la que estaba muy ligado personal y, sobre todo, espiritualmente

El momento de la profesión perpetua del hermano Pablo María de la Cruz.

«Mi enfermedad va rápida», difundió él mismo a sus allegados para anunciar la noticia de sus votos: «De Dios venimos y a Dios vamos. El Padre en su infinita misericordia me llamará pronto a estar con Él. He recibido la dispensa especial de la Orden del Carmen de ser admitido a la profesión religiosa in articulo mortis, haciendo voto de pobreza, obediencia y castidad. Sólo me sale dar gracias a Dios por este regalo tan grande que me hace nuestra Madre la Iglesia, a través de la Orden del Carmen».

Pablo había ofrecido su vida por tres intenciones: la conversión de los jóvenes a Cristo, la unidad entre los movimientos católicos y el destierro entre los cristianos del miedo a la muerte.



Un impresionante mensaje

De hecho, su último mensaje, ya como novicio carmelita y antes de la profesión, fue difundido a través de las redes sociales y es un testimonio impresionante de actitud cristiana ante ella: «Sentí la llamada de Dios a la vida consagrada y me ha concedido este milagrazo. Sobre todo quería comunicaros lo increíblemente bonita que es la muerte en Cristo. Es algo que no da miedo, algo, la verdad, alucinante. Es un tabú que hay que romper. A mí me han dicho que me quedan estos meses y me parece mucho tiempo ya, de las ganas que tengo de encontrarme con el Padre».

Y añadía dos incisos.

Uno, respecto a los jóvenes: «Decirles que nunca es pronto para encontrarse con Dios. Que es una de las mayores cosas que podemos hacer en nuestra vida. Y que los jóvenes sean espabilados (despiertos), que no nieguen a Dios de primeras. Que si tienen realmente una inquietud, que busquen, que quien busca encuentra. Que pongan a Dios a prueba de si realmente existe. Y que Dios siempre responde en estas cosas».

El segundo, «darle gracias a Dios por este tiempo que me está concediendo, que de verdad me noto muy sostenido en la oración, por cómo lo está llevando mi familia, y la alegría que puedo yo tener con todo esto, porque, como he dicho muchas veces, me he encontrado con Dios en el sufrimiento y en la enfermedad, y gracias a la muerte en esta enfermedad me voy con Él, y esto es algo que me hace inmensamente feliz«.