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LO QUE HACE CHINA CON LAS MINORÍAS RELIGIOSAS QUE NO SIRVEN AL GOBIERNO COMUNISTA ES REAL, NO UN FAKE NEWS


Tursunay Ziyawudun intervino el miércoles en la Cumbre Internacional de Libertad Religiosa, siendo una de las varias supervivientes de la persecución religiosa que compartieron sus historias. Como uigur que vive en China, fue objeto de un trato especialmente duro por parte del Partido Comunista Chino, que detiene a los miembros de la minoría étnica en campos de concentración en un esfuerzo por despojarlos de su cultura e identidad y convertirlos en fieles servidores del Estado.

La mujer uigur recordó con lágrimas en los ojos su paso por un campo de concentración chino en un discurso ante defensores de la libertad religiosa, diciéndoles que su experiencia dejó «cicatrices indelebles en mi corazón».

«Me encerraron en campos dos veces diferentes. La segunda vez fue aún más inhumana que la primera, y mis experiencias en estos campos chinos han dejado cicatrices indelebles en mi corazón», dijo.

«Me llevaron a un campo por segunda vez en marzo de 2018 y estuve allí cerca de un año. Había muchos edificios nuevos en el campamento, que parecían una prisión, y muchas cámaras y personas dentro. Siempre podíamos ver agentes de policía armados. A veces nos mostraban películas de propaganda, a veces nos enseñaban la ley china, a veces nos enseñaban canciones chinas 'rojas' y a veces nos hacían jurar lealtad al Partido Comunista Chino», añadió.

Según Ziyawudun, «en el campo, siempre vivíamos con miedo. Pasábamos los días con miedo, escuchando los sonidos de las voces que gritaban y lloraban, preguntándonos si lo que les pasaba a ellos nos pasaría a nosotros también».

Aunque estos recuerdos hacen que el corazón de Ziyawudun se sienta «como si lo hubieran cortado con una daga», se siente obligada a contar su historia:

«Tengo que hablar, porque las cosas que viví en los campos les están ocurriendo a mis compatriotas uigures. Millones de uigures están sufriendo y están vivos sólo porque tienen la esperanza y la creencia de que hay justicia en este mundo».

«Como superviviente, no dejaré de ser -ni siquiera un minuto- la voz de toda la gente que no ha sobrevivido, y de la gente del Turquestán Oriental que está atrapada en un paisaje infernal, depositando su esperanza en el mundo exterior», prometió. Ziyawudun concluyó su intervención suplicando al público que «salve a mi pueblo de esta opresión», y añadió: «Espero que podáis hacer algo para asegurar su libertad».

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